La cosmetología moderna está rodeada del misterio tecnológico del laboratorio y, sin embargo, las fórmulas de muchos productos de belleza se basan en recetas tradicionales que se han transmitido a través de las generaciones.

La investigación científica moderna confirma la eficacia de las sustancias naturales que se han utilizado durante siglos.

A pesar de esto, no todo lo que compramos es inocuo.
De los 8.000 componentes que se usan habitualmente en los cosméticos, sólo 300 son considerados sustancias permitidas.

Incluso se han detectado ingredientes prohibidos en jabones y cremas, como el mercurio y el monobencil éter de la hidroquinona, que son altamente tóxicos.

Esto no es nuevo en la historia; los griegos usaban albayalde y mercurio y poco caso hacían de las advertencias del gran médico Galeno que escribía: «Las mujeres que se pintan con mercurio, a pesar de ser jóvenes, envejecen en poco tiempo y se les arruga la cara como a un mono.»

Las damas de la época isabelina todavía usaban la pintura de albayalde y el sulfuro de mercurio como colorete. Lady Coventry tenía tan sólo 27 años cuando murió a causa del veneno de plomo absorbido por la piel. Lo mismo le sucedió a Lady Fortrose, otra joven aristócrata famosa.

El vitriolo (ácido sulfúrico) que se empleaba para aclarar el pelo, también lo hacía caer, lo que dio origen a la moda de las frentes exageradamente altas, como vemos en los retratos de estos años.

Lo particular de nuestro tiempo es la persuasiva publicidad que nos convence de la necesidad de consumir. Frente a la tiranía del marketing es imprescindible que nos hagamos conscientes de que las empresas no cuidan de nuestra salud, a ellas sólo les interesa vender, y sólo cuando disminuya la cantidad de consumidores pasivos producirán lo que realmente es bueno y conveniente para nosotros.

Es importante, entonces, enterarnos de la insalubridad o inadecuación de determinados ingredientes.

Aceites minerales:
Sus moléculas son demasiado grandes y no penetran más allá de la primera capa de la piel, que está muerta. Forman una película que asfixia la piel impidiendo los intercambios necesarios con el medio.

Vaselina:
Otro derivado del petróleo con idénticas contraindicaciones.

Conservantes:
Lo contienen todos los cosméticos, muchos de ellos matan las bacterias benéficas que ayudan a la defensa de la piel y a la eliminación de las células muertas. Son innecesarios, pues los aceites esenciales son conservantes.

Lanolina:
Es una cera que se extrae de la lana de la oveja. No penetra más allá de la primera capa de la piel. Suele producir alergias.

Alcohol:
Aunque en el momento desengrasa, su uso habitual estimula la producción de sebo.

Colágeno y elastina;
Son de origen animal. Están muy de moda porque son componentes de la piel, pero aplicados de forma externa no superan la primera capa muerta.

Placenta:
Es de origen animal y con el agravante de que contiene hormonas.

Jabones y champúes:
Su uso excesivo barre el sebo natural de la piel y mata las bacterias benéficas que la pueblan. Son absolutamente dañinos los que contienen antisépticos, desodorantes y desinfectantes. Para estos fines, nada mejor que los aceites esenciales.

A todas estas razones se agrega que los cosméticos comerciales no son personalizados, lo que quiere decir que no siempre son lo mejor para nosotros. Recordemos que si aplicamos tóxicos a nuestra piel, éstos penetran hasta el torrente sanguíneo.

Irónicamente, ha sido la investigación de los ingredientes más modernos y efectivos lo que ha llevado a muchos científicos dedicados a la cosmética a volver al umbral de la naturaleza.

Los componentes naturales, como los aceites vegetales y los extractos de plantas, vuelven a ser cada vez más populares, puesto que los científicos comprueban sus poderes legendarios en el laboratorio.
Se ha demostrado que las vitaminas, los ácidos grasos esenciales, los ácidos de frutas y azúcares naturales presentes en los vegetales son las mejores sustancias para la piel.

Se ha comprobado que el extracto de manzanilla cura la piel lesionada. Se ha observado que el aceite de palta regenera las células envejecidas y se sabe que las vitaminas C y E son de los mejores ingredientes para combatir el envejecimiento.

Elaborar nuestros propios preparados resulta divertido y fácil. Supone, asimismo, un gran ahorro de dinero y un aporte a la ecología práctica, al no hacernos cómplices de la crueldad con los animales y al no desperdiciar la materia prima de tantos envases.

Para comenzar, es bueno tomar conciencia, querernos a nosotros mismos.
Y como segundo paso cambiar los hábitos de a poco, sustituyendo de a un elemento a la vez.
Los resultados la irán alentando, tanto a usted como a su familia.

Recuerde que la verdadera belleza es la que se puede conservar por mucho tiempo y con salud.


Del curso de Aromaterapia a distancia que dicta IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales


* Ex Director de IATENA  Instituto Argentino de Terapias Naturales

 

Tu sitio web en Efemosse Sistemas