Lic. Adrián Tucci*

Desde siempre y secretamente temíamos llegar a viejos. Una palabra terrible que evoca mujeres de 40 que declaran vencidas sus funciones vitales, personas mayores postradas o presas de enfermedades deteriorantes, seres marginados de la existencia.

El envejecer es sinónimo de decrepitud, hoy viejo equivale a inútil.

En todos nosotros anida la pesadilla de que con la edad inexorablemente nos irá rodeando una murga siniestra: la Pérdida de Memoria, el Reuma, la Artrosis, la Hipertensión, la Osteoporosis, el Infarto, el Ataque Cerebral.

Paradójicamente la ciencia avanza cada vez más y cada día hay nuevas promesas y también nuevos triunfos en la lucha contra la enfermedad.

Sin embargo, mirando a nuestro alrededor, sólo son excepcionales los ancianos lúcidos y activos.

Esto nos hace pensar que algo falla en nuestras creencias y en nuestras actitudes.

En la Grecia y la Roma de los tiempos clásicos los ancianos eran seres venerados que con su sabiduría y experiencia dedicaban sus últimos años a guiar a las nuevas generaciones. Ellos eran filósofos, sacerdotes, generales, gobernantes, los conductores de la sociedad.

En Oriente no existía el anciano decrépito; comenzó a aparecer cuando estas antiguas culturas se occidentalizaron.

Durante la guerra de Vietnam la autopsia de gran cantidad de jóvenes veinteañeros reveló una curiosa estadística. El 70 por ciento de los norteamericanos presentaban signos de arterioesclerosis. ¡Quién lo hubiera pensado a esa edad!

Pero lo más sorprendente es que en los vietnamitas estos signos estaban completamente ausentes.

Los estudiosos concluyeron en que la diferencia estaba en el tipo de alimentación. La comida tradicional vietnamita, como la de casi todo Oriente, se basa en arroz, vegetales y muy poca carne.

Todas las investigaciones concluyen en que la alimentación es un factor importante para permanecer jóvenes y sanos. También ahora se sabe que el envejecimiento no comienza a los 40 o a los 50, sino mucho antes. Envejecemos cada vez que superamos la capacidad del organismo para desintoxicarse, envejecemos cada vez que violamos las leyes de la naturaleza, envejecemos cuando apuramos el trago de nuestra dulce juventud en la creencia de que hay que gozar todo junto ahora porque mañana será tarde.

En los tiempos que corren, la información está cada vez más al alcance de todos. Es responsabilidad de cada uno ir a buscarla y utilizarla en beneficio propio.

Nuestra era nos va mostrando cada vez más que no podemos esperar las soluciones desde afuera y que tampoco podemos continuar con nuestros viejos esquemas mentales.

Sin duda, no podemos detener el paso del tiempo, pero también es cierto que cada uno puede ir haciéndose responsable de la propia salud y del propio bienestar y no esperar la solución mágica del médico o de la cirugía mesiánica cuando ya el organismo entero está deteriorado por nuestros reiterados abusos.

Todos cuidamos muy bien de darle al coche el combustible apropiado, así como elegimos el jabón de baja espuma para no dañar el lavarropas. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar cuál es el alimento adecuado para nuestro organismo.

No es la privación nuestra propuesta, sino saber encontrar la justa medida, como razonablemente proponían los desprestigiados epicúreos. Hay un punto en que el aumento del placer produce dolor. La sabiduría consiste en advertirlo y no ir más allá.

 

* Ex- Director de IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales

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