La alimentación natural es una propuesta de Vida y de salud que no consiste en dejar de comer algunos alimentos y reemplazarlos por otros, sino que nos lleva a replantearnos el momento mismo de cocinar, donde el ingrediente principal somos nosotr@s mism@s.

Una sociedad de consumo, por momentos despersonalizada y materialista, nos fue llevando a crear la ilusión de que ese tiempo «que se pierde» cocinando es más útil y práctico aprovecharlo en otras actividades.

Las latas, los embutidos, los distintos preparados fueron ocupando así cada vez más lugares en nuestra casa, donde los fragantes olores de la sopa o del pan se fueron diluyendo. Así nos fuimos alejando de ese ritual mágico que es el del transformar los alimentos. Porque cocinar es un acto de alquimia, donde nuestra propia energía se combina y se funde con cada uno de los ingredientes.

Nuestro estado de ánimo, la atención que ponemos en manipular los elementos, la alegría y el placer que agreguemos a este momento tan particular, intervienen también en el éxito o en el fracaso de una preparación.

Mientras escribo me parece escuchar voces de personas que se preguntan cómo aplicar esto en momentos difíciles de la vida, cómo hacer para estar tranquilos cuando la realidad que nos transmiten las noticias es tan dolorosa o venimos frustrad@s y deprimid@s por las largas y no reconocidas horas de trabajo… cómo hacer para cocinar en armonía cuando los chicos lloran, suena el teléfono y nuestra preocupación aumenta…

Pero precisamente porque todo lo externo a veces resulta incontrolable o nos desborda, es que necesitamos tener islas en nuestra vida que nos permitan rescatar nuestra conexión con la naturaleza.

La paz y la armonía son estados que se adquieren desde una toma de conciencia. Es una decisión personal en la que no necesariamente intervienen las circunstancias que nos rodean.

Cada uno de nosotros debería buscar su momento y su posibilidad. No hay propuestas fijas a seguir, no hay un ritmo determinado, tan sólo sentir que nuestra energía se combina con todo lo que hacemos.

Y sin duda, el momento de cocinar es el más adecuado para ensayar esta nueva actitud de vida.

Y al sentarnos a la mesa…
Actualizar una vieja práctica: la de agradecer los alimentos. Una costumbre que se fue dejando de lado, confundida con prácticas religiosas relegadas a unos pocos.

Pero acostumbrarnos a tener un instante de recogimiento y serenidad antes de comer, significa poder sintonizarnos con nosotr@s mism@s, sentir que nuestro cuerpo está dispuesto a asimilar los nutrientes y nuestra mente y nuestro espíritu se ponen en sintonía con la realidad universal.

Debemos reconocer que nuestro organismo se resiente cuando lo forzamos a alimentarse en estado de tensión, y nuestra salud desmejora: no estamos en condiciones de absorber la energía vital de los alimentos. Es también una actitud de selección, donde incluso comprobamos que no resolvemos los contratiempos que nos rodean pero empezamos a conectarnos con nuestra propia armonía.

Nos hemos alejado de nuestro cuerpo y lo tratamos como a una máquina, pero descuidando la calidad del combustible. Si nos miramos con atención, aprendemos lo que necesitamos.

Yo también, y por muchos años, creí que todo esto era una utopía reservada para unos pocos que, en general, o no tenían nada que hacer o tenían una vida tan ordenada y planificada que el cocinar con atención, cuidando la energía y agradeciendo los alimentos era así de fácil.

Pero me propuse probar. Y al hacerlo descubrí, no sin cierta sorpresa, que llevaba el mismo tiempo, porque lo único que cambiaba era la actitud interna. Me permitió sentir la intensa emoción de conectarme con quienes compartían la comida de manera distinta.

Enseñemos a nuestros hijos que la armonía es posible, pero con ejemplos prácticos y cotidianos.

Tampoco miremos televisión, ni leamos diarios o revistas, ni escuchemos música violenta, ni aprovechemos esos momentos para resolver cuestiones familiares…

Y como sobremesa…
Recordar que la digestión es un proceso durante el cual gran parte de la sangre del organismo está abocada a esa tarea. Necesitamos dedicarnos también unos minutos de verdadera tranquilidad. Siempre es posible si recordamos que se trata de actitudes internas, de un modo de ser y de vivir.

Tengamos presente que alimentación natural entonces es, por sobre todas las cosas, una posibilidad de encuentro con nosotr@s mism@s, donde el Amor es el ingrediente principal, acompañado del correcto conocimiento. Amor que empieza por un@ mism@ y se continúa por nuestro prójimo.

Es probable que así empecemos a redescubrir el modo de hacer un mundo mejor, un mundo de paz, amor y serenidad, a partir del tan cotidiano acto de cocinar y ofrendar y ofrendarnos el producto de nuestro trabajo.


* Directora de IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales

 

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