“El dolor es inevitable, el sufrimiento es optativo”.
Buda

El legado del Dr. Bach no son sólo los Remedios Florales, cuyos efectos hoy en día son muy conocidos. Él volvió a poner en el centro de la curación al paciente, de ahí el título de su obra principal “Cúrese a sí mismo”.

Esto no significa la autoadministración de las Flores ni la exclusión de los especialistas sino que alude claramente a que la enfermedad no puede ser erradicada sino mediante un esfuerzo consciente.

Cuando el enfermo que padece hace una transformación profunda, una transmutación, la enfermedad física desaparece. Así lo experimentó él personalmente, a quien le diagnosticaron un cáncer terminal con expectativa de tres meses de vida.

El Dr. Bach se concentró entonces en terminar las vacunas que estaba investigando, y cuando se presentó en la Sociedad Médica británica con sus descubrimientos, los colegas se asombraban de que estuviera vivo.

El genial médico murió de muerte natural, muchos años después.

Adelantándose al Psicoanálisis, a la Medicina Psicosomática y a la Psiconeuroinmunología, Bach enunció claramente que la enfermedad no se origina en el cuerpo biológico sino en un conflicto, que de última remite a un conflicto entre el Alma y la Mente.

El Alma trae una misión a esta vida y junto con ella vienen los dones o virtudes que necesitamos desarrollar para cumplirla. Es como una caja de herramientas que está en el interior de cada uno, lista para ser utilizada frente a los problemas que se nos presentan.

Si estamos desarrollando esa misión, aún sin saberlo, vivimos en el Amor y así contribuimos a la Unidad. Si nos desviamos, si atentamos contra la ley del Amor y la Unidad originamos sufrimiento.

Al igual que Sócrates y el budismo, Bach cree que el sufrimiento proviene de la ignorancia, del no saber. Cuando aprendemos la lección ya no sufrimos. Venimos a la Tierra para aprender.

Nuestras emociones y actitudes mentales negativas son las enfermedades reales, que si perduran llegan a manifestarse en el cuerpo físico. Nuestros rasgos negativos de carácter, nuestras deficiencias, nuestros defectos, no sólo nos perjudican sino que afectan nuestra vida de relación provocando actitudes que vuelven sobre nosotros.

Hace un tiempo, trataba de explicarle esto a un niño diciéndole que “todo lo que va vuelve” y en un momento él respondió: “Ah, es como un boomerang”. Es una metáfora perfecta, el niño ya lo sabía en lo profundo de su ser.

El planteo de Bach es revolucionario porque cambia el concepto de paciente por el de actuante. O sea que nos devuelve el protagonismo de la curación.

También cambió el concepto del médico – como el único que puede y debe curar – desde el momento que enseñó su sistema a los legos y lo explicó para que pueda ser usado también en forma casera – como sucedía cuando las personas se curaban con las plantas que crecían alrededor de su casa.

Asimismo Bach se anticipó a la figura del “terapeuta”, alguien que sin tener un título universitario ejerce la curación mediante prácticas y técnicas no reconocidas institucionalmente.

Los terapeutas han recuperado una necesidad dejada de lado por la “deshumanización” del sistema médico, la de contención, acompañamiento y calor humano.

Ante una realidad compleja, vertiginosa, cambiante e incierta, son imprescindibles muchos terapeutas. Ellos son agentes de salud, promotores de la prevención y son quienes sostienen – junto con los especialistas – la asistencia a las personas.

Sin duda, ante la incertidumbre de los tiempos actuales, se necesitan multitud de terapeutas.

Estamos presenciando una transformación del mundo sin precedente en la historia. En los próximos años viviremos cambios que nos van a maravillar: es una gran oportunidad para el crecimiento personal.

Un médico amigo le decía en broma a sus pacientes: “¡Ah! usted ya consultó al Dr. Google. Entonces ya tiene diagnóstico y pronóstico, puede automedicarse.”

Esta escena es una caricatura de la propuesta del Dr. Bach, pero que hace visible la tendencia de ahora.

El paciente actual quiere saber y tiene derecho a saber. Pero más allá de la investigación del síntoma y de la enfermedad física está el trabajo de la indagación más profunda, el camino de conocer la grandeza de nuestro ser, el coraje de enfrentar nuestros conflictos: el camino del autoconocimiento.

Nacemos con muchas potencialidades, es hora de reconocerlas y de sacarlas a la luz.


Ex-Director de IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales

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