Lic. Adrián Tucci*

En primavera – y también en el cálido otoño de Buenos Aires – los jardines y baldíos se pueblan de unas hermosas flores amarillas, como pequeños soles. Son los botones de diente de león.

Martirio de los jardineros obsesivos, esta hierba de tantas virtudes curativas puede ser llamada también verdura, pues con ella se hace una rica ensalada a la que se puede agregar ajo, tomate o cebolla, y especialmente zanahoria, para quienes no aceptan tanto el gusto amargo.
En el campo, los animales parecen apreciarla, pues se empeñan en buscarla.

 

Nombre y características:
Su nombre botánico es Taraxacum Oficinale. Se le llama amargón por su gusto y diente de león por sus hojas dentadas.
Es una planta perenne que suele encontrarse en flor durante todo el año.

Es originaria de Europa, aunque se halla extendida por todo el mundo debido a su inteligente sistema de reproducción. De su flor se originan multitud de semillas, en forma de milimétricos pancitos unidos a una artística pelusa, como un paracaídas.

Son nuestros «panaderos» de la infancia.

 

Composición química:
Es muy compleja: contiene alto porcentaje de sales de potasio, saponinas, un principio amargo, aceites y un alcaloide llamado taraxina.

 

Propiedades curativas:
En primer lugar, el diente de león es uno de los mejores estimulantes de las funciones hepáticas, tomado en tisana y también comido crudo en ensaladas.

Tiene acción laxante suave, neutraliza la acidez estomacal, es depurativo, desintoxicante y diurético; aumenta el caudal de la bilis, previene contra cálculos de la vesícula biliar, reduce la glucosa en la sangre, lo que coadyuva en el tratamiento de la diabetes. Se lo aconseja contra las hemorroides y también contra la anemia, la inapetencia y el estrés nervioso.

En suma, es una de las plantas medicinales más recomendadas para tratar problemas digestivos y hepáticos.

Estudios recientes han recomendado al diente de león para bajar de peso, dado que tiene acción diurética. Y también contra los malestares premenstruales.

Asimismo, se lo aconseja contra la presión sanguínea alta, la congestión por insuficiencia cardiaca congestiva y para tratar la artritis, dado que al parecer también posee actividad antiinflamatoria.

Su elevado contenido de vitaminas A y C, además de potasio, provee de los indispensables antioxidantes y se lo recomienda para la prevención del cáncer. Estudios realizados en Japón afirman que posee actividad antitumoral.
Por otra parte, se ha comprobado que es activo contra varias especies de hongos y bacterias.

 

Preparación y uso:
puede ser usado sin ningún tipo de riesgos.

Infusión:
cortar 3 ó 4 plantas, con raíz si es posible. Echarlas en un litro de agua hirviendo. Dejar reposar 5 ó 10 minutos. Colar y tomar una taza, 3 veces al día.
Con la planta seca el procedimiento es el mismo. Utilizar 2 ó 3 cucharadas por cada taza de agua.

Tintura:
Es la maceración de la hierba en alcohol de cereales.  Muy cómodo para tomar: 40 gotas en un poco de agua, de 2 a 3 veces al día.

Aceite
Macerándolo en aceite se obtiene una excelente preparación para masaje.  Relaja y alivia dolores y contracturas.

Tallos:
Comer tallos crudos ayuda a equilibrar las hormonas femeninas porque contiene fitoestrógenos.

Zumo del tallo:
una gotita de esa «leche blanca» por día elimina las verrugas.

Esencia floral:
con las flores se prepara un remedio que facilita la relajación muscular y un mejor descanso.

Ensalada:
¡no se pierda este manjar curativo!  Se corta muy chiquitito y se prepara con limón y aceite


* Ex – Director de IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales

 

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