Quienes, como yo, viven en el Gran Buenos Aires y viajan en micro hacia la Capital, ya lo saben,  Es inevitable escuchar las conversaciones de quienes están sentados detrás o que hablan por celular casi todo el trayecto, sin parar!

Y por estos días próximos a las fiestas, el tema central fue y es: la comida y el día después.  La preocupación por los kilos de más que seguramente sobrevendrán como consecuencia de los excesos, el descontrol.  Temas de siempre, ya conocidos pero que parecen ineludibles.

Unos y otros piensan en los platos de la abuela a los que no se podrán negar, los postres y el pan dulce, la sidra y ni hablar de los frutos secos que son una tentación… 

Y mientras escuchaba pensaba en lo contradictorias que son estas fiestas. La Navidad y el encuentro de fin de año son fechas que nos conmueven por su mensaje de Amor y, sin embargo, provoca esta verdadera inquietud porque nos lleva a centrarnos casi exclusivamente en la comida.  Y peor  aún.  En sus efectos en nuestro cuerpo, paralizando nuestra capacidad de elección saludable! 

Conocí estos momentos y pude resolverlos.  Hoy puedo compartir las Fiestas sin temor, con Alegría y eligiendo qué comer.   Y también pueden hacerlo muchas de las personas que asesoro. 

Todo comenzó cuando me propuse transformar esa resignación del “no puedo” en una verdadera y genuina aceptación de que no me animaba a trasgredir las reglas de la tradición familiar porque eso podría significar quedar fuera de los vínculos.  Uno pierde de vista que los afectos se sostienen más allá de las comidas o las pautas culturales.

Al observar con atención y apertura la situación, comprendí que lo que más me alejaba de los vínculos era el estar angustiada por los kilos y por el peso del “mañana” por sobre el “ahora”. Esto no hacía más que aumentar el descontrol.

Sentí también los efectos del malestar físico y emocional.

Esa fue la última fiesta que viví de esa manera.  Pero también la primera en la que me propuse encontrar las herramientas necesarias para disfrutar en paz y armonía y festejar Navidades y Fin de Año sin ansiedad. 

Al modificar la alimentación y lograr que la comida de todos los días fuera equilibrada y nutritiva, no necesité prohibirme ni caer en excesos.  Descubrí también que los frutos secos y las semillas son muy saludables y necesarios, que hay platos naturales que son realmente exquisitos y que es un mito que sólo es rica “la comida que engorda”. 

Toda la formación teórica profesional es la que luego me dio más elementos.  Pero en la práctica comencé de esta manera.  Aceptando  qué me pasaba. 

Quise aprovechar esta oportunidad para dejar mi regalo de esperanza y de solución.  En un primer momento puede parecer difícil pero lo importante es que es posible.  Es el momento de proponernos un cambio que comienza tímidamente en estas Fiestas pero que será un robusto árbol para las próximas! 

Cerremos este ciclo de vida imaginando que es posible el mundo que soñamos, que es tiempo de tejer redes de solidaridad y Amor en familia, personal o planetaria, y agradeciendo a la Vida que en cada momento nos da la oportunidad de crecer y apostar a la evolución. Y es ahora!
¡FELICES FIESTAS PARA TODOS!

 


* Directora de IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales

 

 

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