Lic. Adrián Tucci*

“ El trabajo llena las horas pero no llena la vida”, escribió en un cuaderno mi tía Victoria pocos días antes de morir a los 80 años. Dejó así a la familia un valiosísimo legado, broche final de una vida laboriosa e infatigable.

Sin duda en estos tiempos tener trabajo es una bendición, pero la forma en que muchos lo asumen los lleva a poner en riesgo su salud, a dejar de lado los afectos y a perder la alegría de vivir.

Así sucede cuando trabajar se convierte en una adicción.

No vamos a negar que la presión laboral y el miedo a perder el empleo conspiran para que haya muchos hombres y mujeres recargados y sobrexigidos.

¿Pero acaso es el único factor? ¿Cuánto hay de nuestra contribución?

Muchas veces nos vemos abrumados por la cantidad de cosas que hay que hacer, sentimos el mundo sobre nuestras espaldas aún antes de empezar. En este caso es bueno hacer una lista y así se verá que es mucho menos de lo que imaginamos.

También es positivo establecer prioridades y tratar de aumentar la eficiencia.

El revisar los malos hábitos en el trabajo e intentar corregirlos sin duda nos llevará a un alivio.

Una actitud más relajada, alternando descansos y momentos de distracción nos conducirá a un mayor rendimiento. El hacer sin parar desemboca en el agotamiento y el colapso. Es eficiente hasta que de golpe se derrumba y deja de serlo.

El recuperar los gustos y pequeños (o grandes) placeres de la vida permite luego retomar las tareas con mayor entusiasmo. No se olvide de usted mismo. Vuelva a aquellas actividades que dejó porque “tenía mucho que hacer”. No descuide los amigos y la familia. No vale la pena en nombre del trabajo perder lo esencial de la existencia.

Cuanto más obsesivos nos ponemos con la vida laboral, menos estamos rindiendo en realidad.

Aprendamos a delegar si nuestra función lo permite. Y si no podemos delegar aprendamos a decir “no”.

Otro hábito peligroso es vivir constantemente preocupados. Es bueno observar que esta forma de enfocar la realidad siempre imagina los peores acontecimientos y sufrimos por anticipado lo que va a suceder. Finalmente las cosas se resuelven de un modo u de otro y nos preguntamos: “¿para qué me preocupé tanto?

Es mejor ocuparse, hacer y dejar que los hechos sigan su rumbo.

Si usted trabaja demasiado, si se siente presionado o exigido, trate de intuir que hay otra forma de encarar la vida laboral, que no hay una sola posibilidad, que si no se pueden cambiar las circunstancias, sí se pueden cambiar las actitudes.

Reflexione acerca de cómo está consumiendo su vida y si vale la pena.

Y si no puede solo pida ayuda.

Una de las formas de comenzar con un cambio son las Esencias Florales de Bach.

No contienen sustancias químicas, no son sedantes ni estimulantes. Se preparan a partir de flores silvestres y actúan ayudando a modificar nuestras emociones negativas, nuestras actitudes mentales y nuestro carácter.

A continuación detallamos las que pueden ser útiles para los temas que tratamos.

 

IMPATIENS:
Para los que viven apurados y ansiosos. Se impacientan con los demás porque los consideran lentos y prefieren hacer las cosas solos porque son más rápidos. Siempre están corriendo. Viven a mil. Su cuerpo experimenta una tensión generalizada. Se fastidian y se irritan, se ponen gruñones y de mal humor pero se les pasa enseguida.

Este remedio relaja, da serenidad, permite desacelerar y estar más calmo.

 

CENTAURY:
Para los que viven sometidos a un régimen laboral. No pueden poner límites ni a sí mismos ni a los otros. No pueden decir que no. Acceden a todas las demandas y terminan agotados y desvitalizados. El remedio permite encontrar la forma sutil o frontal de rebelarse. Siempre existe una manera de superar el sometimiento.

 

OAK:
Para aquellos que no pueden dejar de trabajar. Siempre buscar algo que hacer. Son fuertes y luchadores. Asumen tareas que podrían hacer otras personas, no tienen la costumbre de pedir ayuda. De ese modo se recargan inútilmente. Suelen colapsarse, llegan al agotamiento y a la enfermedad. Solamente así paran. El costo es muy alto.

Esta esencia floral permite dosificar el esfuerzo y descansar.

 

VERVAIN:
Para los que ponen demasiado entusiasmo y pasión en lo que hacen.
Tienen mucha energía y arrastran a los demás, convencen, suelen ser líderes carismáticos.

El problema es que son muy tercos y continúan empeñándose aunque estén equivocados o aunque las circunstancias aconsejen una retirada.

El exceso de entusiasmo los lleva a tensionarse y contracturarse por lo que le duelen los hombros, la parte superior de la espalda, la nuca y a veces la cabeza.

Este remedio permite aflojarse, relajarse, tomar una actitud más flexible y moderada.

 

ELM:
para los que se sienten abrumados por el peso de muchas tareas y responsabilidades. Sienten que son tantas las cosas que tienen que hacer que no son capaces de enfrentarlas. Se ven como Atlas, el mítico gigante que sostenía el mundo sobre sus espaldas.

Este remedio da tranquilidad y ánimo para asumir cada tarea a su tiempo, alivia la sensación de sobrecarga.

 

  • Ex Director de IATENA
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